Audio carta # 5. Julio 7 de 2020.


☀ Queridas y queridos estudiantes: gracias por enviarnos sus palabras y sus dibujos…Nos causó muchas gracia ver cómo se imaginaron a esas aves con patas cortas y cabeza de pato…De pronto, no nos parecieron ya tan agresivas como las veía el niño Tiberio en sus sueños…Pero nunca se sabe…

Para nosotros es importante hablar de los sueños porque en ellos se manifiestan detalles muy importantes sobre nuestras vidas. En los sueños, casi siempre aparecen situaciones que nos producen mucha alegría y mucho gozo, o, por el contrario, aquello que nos produce temor, que nos quita la tranquilidad…
No importa si los sueños son reales o si son pura imaginación: importa entender lo que nos producen, las ideas que nos generan, las dudas, las alegrías, las sonrisas.

Esta mañana del 7 de julio estábamos pensando en la intención que hay detrás de la construcción de este libro, y sabemos que es muy importante hacer preguntas sobre este proceso: ¿por qué será que en este mundo que estamos imaginando ocurren cosas extrañas, cosas que no se corresponden con la realidad? ¿Será que el chiste de este proyecto es que las situaciones que hemos descrito son en realidad un sueño, que todo lo que hemos dicho sobre los personajes y sobre estos lugares es algo que nunca ocurrió y que nunca podría ocurrir?

Algunas de las respuestas que ustedes nos enviaron respecto a la carta 4, nos han hecho pensar que aunque este ejercicio sea la historia de un sueño raro, como si pudiésemos entrar a una película animada en la que hay criaturas y colores nunca antes vistos, ciertas situaciones de las que hemos hablado sí pueden ser reales, y, en ese sentido, es posible que sí hayan ocurrido, incluso muy cerca de nosotros, de nuestras familias, de nuestros amigos…


☀Bueno, volvamos a nuestra historia.

Una mañana, aparece una vaca en la escuela a la que van los niños Nina y Tiberio. Nadie sabe de dónde salió. Tiene una pequeña placa de metal amarrada al cuello. Y hay un nombre grabado en la placa: Mugencia. Los niños se ríen. Les parece muy divertido que la vaca se pasee por el colegio como si fuera una estudiante, o una profesora. Don Oliverio, el señor que cuida la escuela, intenta sacar a Mugencia asustándola con una vara de bambú, pero ella le saca la lengua y le menea la cola. Los niños se ríen y la profesora se rasca la cabeza.

A la hora del descanso, dos niños que tienen padres campesinos intentan ordeñarla, pero Mugencia es una vaca que no se deja. No le gusta que la toquen ni que la molesten. Prefiere pararse bajo la sombra de un árbol de mango y masticar hierba fresca. Don Oliverio y la profe se le acercan y le ofrecen un poco de agua, pero Mugencia les voltea la cabeza.

¡Ah vaca tan desagradecida!–dice don Oliverio, un poco impaciente.
La profesora se acerca un poco más, con cuidado, y le silba como si fuera un pajarito. Mugencia la mira y por primera vez no parece enojada. Con más confianza, la profe le estira una mano para que la huela, y la vaca le da un lengüetazo. Los niños, que están reunidos a unos pasos, hacen una algarabía. Mugencia voltea otra vez la cabeza, asustada por el bullicio. La profesora nota que la vaca tiene marcadas unas letras en uno de sus costados, sobre el costillar. Son tres letras: C U A.
"C, U, A”, dice la profe en voz alta, y luego le pregunta a Oliverio si ha visto antes esas letras, o si sabe qué significan…
Los niños están intrigados.
Oliverio dice que no, que no sabe nada, y se va porque tiene otras cosas que hacer.

Por la tarde, cuando los niños están en la casa contándole a la abuela sobre la aparición de Mugencia, el viejo de caderas grandes los interrumpe.
Perdón, les dice, pero hay un gallo en el patio.
¿Es de alguno de ustedes?
Tiberio y Nina preguntan al mismo tiempo: ¿Un gallo?
¡Un gallo lo más de hermoso!, dice el viejo, y empieza a mirar como cuando intenta acordarse de una canción…Pero no logra acordarse.
Los niños salen corriendo al patio…
La abuela se levanta de su silla, despacio, un poco adolorida en su espalda, y le pregunta al viejo de caderas grandes si el gallo tiene alguna marca o alguna placa…y el viejo de caderas grandes le responde: ¿cuál gallo?

En el patio, Tiberio y Nina están embelesados con el animal…
¿De dónde vienes?, le dice Tiberio?
¿Tienes nombre?, dice Nina.

El gallo ladea la cabeza, como si tratara de entenderlos. Después extiende sus alas, su gran plumaje, y de un salto se encarama a la mesa donde la madre y la abuela de los niños trabajan en los tejidos de sueños.

¿Qué nombre tendrás?, pregunta Nina.
El gallo se recuesta sobre un montoncito de hilos de colores y empieza a cerrar los ojos, cansado, somnoliento.
Tiberio le dice que puede quedarse esta noche allí con ellos, pero mañana no se sabe, y le advierte: no vayas a dañar nada, no vayas a comerte los tejidos, porque…

El gallo abre un ojo y lo mira. Tiberio le guiña un ojo (como le enseñaron en la escuela) y se ríe.
El sol comienza a ocultarse. Nina mira a Tiberio y le hace una seña, para que se queden en silencio, para que escuchen, pero Tiberio no entiende…
Vamos, que ya debe haber llegado mi mamá.
Shhhh, dice Nina, fijándose en el cro cro de los sapos y en el cri cri de las ranas.

En la casa, la mamá y la abuela han servido ya el chocolate. Falta cortar el pan, dice la abuela. La madre de los niños les pregunta por el gallo.
¿Ya le pusieron un nombre?
Los niños se miran y niegan con la cabeza.
Pues tenemos que ponerle un nombre, dice la madre.

Esa noche, la madre y la abuela se quedan hablando hasta muy tarde en la cocina. La madre de los niños dice que en el centro del pueblo aparecieron unos cerdos sin dueño, y la abuela le pregunta lo mismo que le preguntó al señor de caderas grandes: ¿tenían esos cerdos una marca, o alguna placa?
La madre de los niños piensa un momento antes de responder.
Sí…dice, con cierta duda…
Vi que algunos tenían como unas letras, en los costados, como las letras que marcan con hierro caliente sobre el ganado…
Sí, dice la abuela…Como esas letras…
El niño Tiberio escucha lo que conversan las dos mujeres. Aunque tiene los ojos cerrados, está despierto. Piensa en el sueño que tuvo la otra noche, y trata de recordar qué sonidos hacían esas aves que llegaban al valle…
Nina sueña que va de camino al colegio y se encuentra con una ranita de color azul. La niña se agacha y le ofrece la mano, para que el animalito salte y se pose sobre la palma. La ranita la mira, un poco asustada, y se queda inmóvil.
¿Es verdad que ustedes vienen del mar?, pregunta Nina…
Cuando la ranita va a responder, el sueño se interrumpe.
La madre de los niños está junto a ellos, de pie. Les dice que hoy no irán a la escuela.
La abuela está recogiendo los tejidos de sueños que hay en el patio.
¿Y el gallo?, pregunta Tiberio ¿Se fue?
Ni la abuela ni la madre responden.
Nina se frota los ojos y le cuenta su sueño a Tiberio: era una ranita azul, dice la niña. Y yo creo que venía del mar…
Tiberio mira a su hermana sin decir nada. Después, sale al patio y no ve al gallo por ninguna parte. El aire está un poco frío. El viejo de caderas grandes está sentado sobre una silla mecedora. Tiberio le pregunta por el gallo, y el viejo niega con la cabeza.
Ayúdame a recordar esta canción, le dice el viejo al niño, y empieza a tararear:
cua cuá
cua cuá
cua cuá

cua cuá…

Tiberio no conoce esa canción, le dice al viejo. En el cielo, hay nubes grises. Tiberio mira hacia la montaña donde está la escuela y nota que hay un color diferente en el cielo, un color ligeramente morado, muy parecido al color del cielo que vio en sueños…


☀ Algunas preguntas sobre esta entrega:

1-¿Por qué será que la vaca Mugencia parecía enojada y un poco asustada?

2-¿Qué significan las letras que tiene marcadas en un costado?

3-¿A dónde se habrá ido el gallo que apareció en la casa de los niños?

4-¿Por qué será que a la mañana siguiente los niños no tuvieron que ir a la escuela, si era un día escolar?

5-Finalmente, hagamos un dibujo de los animales que aparecieron en esta carta, ¿cómo los imaginamos?

¡Hasta la próxima!