Sesión # 13 / Agosto 4 de 2020.
¿Qué es una memoria? (parte 2)
Objetivos:
1. Reflexionar sobre el concepto de memoria en nuestros contextos, a partir del ejercicio que estamos realizando: ¿qué hemos encontrado?
2. Establecer puntos en común y rasgos característicos en el intercambio que se da entre memorias sociales, personales, comunitarias, y el relato histórico.
3. (comenzar a )Trazar nuestras rutas y caminos (de ida y vuelta) entre las memorias personales y familiares y el relato histórico relacionado con la guerra en Colombia.
Contenidos
Vamos a comenzar con un par de referencias poéticas. Veremos que el asunto de la memoria (o las memorias) y la relación tensa con el relato histórico ha sido considerado y estudiado por teóricos y académicos desde hace varias décadas. De alguna manera, el tema de la memoria histórica está ligado, casi en su totalidad, a las guerras, a los rastros de las guerras. Se empieza a hablar de memoria cuando se empieza a volver imperiosa la necesidad de recordar los hechos violentos para no repetirlos, para aprender de las malas experiencias, y para hallarle un sentido (un cierto orden, un cierto juego de causas, razones) a lo que ocurrió.
Leamos, por lo pronto, un par de poemas del argentino Jorge Luis Borges.
Yesterdays (1981)
De estirpe de pastores protestantes
y de soldados sudamericanos
que opusieron al godo y a las lanzas
del desierto su polvo incalculable,
soy y no soy. Mi verdadera estirpe
es la voz, que aún escucho, de mi padre,
conmemorando música de Swinburne,
y los grandes volúmenes que he ojeado,
hojeado y no leído, y que me bastan.
Soy lo que me contaron los filósofos.
El azar o el destino, esos dos nombres
de una secreta cosa que ignoramos,
me prodigaron patrias: Buenos Aires,
Nara, donde pasé una sola noche,
Ginebra, las dos Córdobas, Islandia...
Soy el cóncavo sueño solitario
en que me pierdo o trato de perderme,
la servidumbre de los dos crepúsculos,
las antiguas mañanas, la primera
vez que vi el mar o una ignorante luna,
sin su Virgilio y sin su Galileo.
Soy cada instante de mi largo tiempo,
cada noche de insomnio escrupuloso,
cada separación y cada víspera.
Soy la errónea memoria de un grabado
que hay en la habitación y que mis ojos,
hoy apagados, vieron claramente:
El Jinete, la Muerte y el Demonio.
Soy aquel otro que miró el desierto
y que en su eternidad sigue mirándolo.
Soy un espejo, un eco. El epitafio.
Posesión del ayer (1985)
Sé que he perdido tantas cosas que no podría contarlas y que esas perdiciones, ahora, son lo que es mío. Sé que he perdido el amarillo y el negro
y pienso en esos imposibles colores como no piensan los que ven.
Mi padre ha muerto y está siempre a mi lado.
Cuando quiero escandir versos de Swinburne, lo hago, me dicen, con su voz.
Sólo el que ha muerto es nuestro, sólo es nuestro lo que perdimos. Ilión fue, pero Ilión perdura en el hexámetro que la plañe.
Israel fue cuando era una antigua nostalgia.
Todo poema, con el tiempo, es una elegía.
Nuestras son las mujeres que nos dejaron, ya no sujeto a la víspera, que es zozobra, y a las alarmas y terrores de la esperanza.
No hay otros paraísos que los paraísos perdidos.
Fig.1. A. Pandora, de John William Waterhouse. 1896. B. Imagen de un mosaico de rostros en el “Salón del nunca más”, en Granada, Antioquia. (tomada del Centro de Memoria Histórica) C. Pandora, de Jules Joseph Lefebvre (s.f).