Sesión # 15. Agosto 18 de 2020.

El dolor de los demás (Parte 1).


Objetivos:


1. Reflexionar sobre el uso y la lectura que hemos hecho de las imágenes sobre la guerra a lo largo de esta experiencia.

2. Plantear las coordenadas iniciales para la realización del ejercicio # 3 (ejercicio final).


El problema es la fotografía

Esta frase la tomamos de la filósofa norteamericana Susan Sontag. Más adelante debemos reflexionar sobre la resonancia que tiene en nuestro proyecto. Para empezar, vamos a pensar que la idea de problema la planteamos aquí en un sentido reflexivo: queremos pensar y analizar un asunto. Así como hablamos de problemas matemáticos (situaciones, dilemas, asuntos por resolver) también podemos hablar de problemas en un sentido filosófico, y en este caso vamos a pensar en la filosofía como un campo de nuestra cultura, de nuestra historia, que nos permite ejercer con plena libertad y con pasión el pensamiento.

El filósofo checo Vilém Flusser plantea la siguiente cuestión (o problema) en un ensayo sobre la fotografía (“Una filosofía de la fotografía”. 1999): ¿con qué finalidad se hacen imágenes?.
Pensemos en esta pregunta. Pensemos en las fotografías que hemos visto a lo largo de este taller. Es muy probable que muchos digamos que estas fotografías sobre la guerra se hicieron con el propósito de conocer la realidad de nuestra sociedad o con el fin de crear consciencia frente al horror. Otros diremos que las fotografías, en general, se hacen para guardar recuerdos, para tener una memoria de la vida. Todo esto es válido y es discutible. Susan Sontag nos decía en su libro “Ante el dolor de los demás” que el asunto con las fotografías que nos muestran el horror de una guerra (el dolor, el sufrimiento) es cómo, cuándo y cuánto nos pueden impresionar. Las fotografías son un problema porque son obras, son creaciones de alguien, son intenciones y formas de mirar y contar. En este sentido, también son leídas y apreciadas como obras. Por eso nos hemos preguntado en este taller si el juicio sobre la belleza o la fealdad de una foto es importante a la hora de juzgar o valorar lo que la foto nos cuenta, la intención que reconocemos en la foto. La respuesta, ya lo sabemos, es que sí. Sí importa.

Para Sontag, como veremos, el problema es qué hacemos con estas fotos, y aquí su reflexión se acerca a la reflexión de Todorov (visto la semana pasada): ¿qué hacemos con las memorias? La respuesta podría ser muy práctica: hacemos lo que nos conviene. Los museos de las memorias o los procesos de memorias colectivas son cuestionables por esta razón: solemos recordar las fotografías, porque las recordamos como objetos, como obras de arte, como piezas de museo. Luego viene el problema mayor: ¿qué pretenden los guiones de estos museos? ¿qué cuentan? ¿qué relato de sociedad, país, estado o nación arman y sugieren para las generaciones presentes y futuras?

Para Flusser, hacemos imágenes por una sola razón: las imágenes, en este caso las imágenes fotográficas, son la concreción de cualquier posibilidad. (1999. p. 164) Cuando creamos una imagen fotográfica estamos dándole realidad algo que solo era una posibilidad latente: el dispositivo por sí solo no produce las imágenes. Necesita que el fotógrafo lo haga funcionar. Y el fotógrafo por sí solo no produce fotografías; necesita que una motivación lo mueva, y esta motivación, personal o social, es la que hace que la posibilidad latente en él se realice.

Queremos mirar, a continuación, algunas fotografías. Veremos en ellas dos situaciones distanciadas por algunos años y por las condiciones en las que fueron hechas. Es importante, por supuesto, reconocer el qué detrás de cada caso.

Fig.1. Fotografías de Santiago Saldarriaga para el periódico El Tiempo. 2020. Se trata de un cubrimiento fotográfico realizado en Llano Verde, barrio del oriente de Cali, en cuyas inmediaciones fueron asesinados cinco adolescentes.

Por supuesto, reconocer el qué nos permite pensar en el quién y en el quiénes: ¿quién hace la fotografía? y ¿quiénes aparecen en ella? Susan Sontag dice que las fotografías nos pueden conmover o conmocionar (es muy probable que entre más aterradoras, crudas, brutales, más nos impacten) pero no serían suficientes si lo que buscamos es la comprensión.