Sesión # 5. Mayo 26 de 2020. Pensar las fotografías

Figura 1. ¿De dónde viene la luz? De izquierda a derecha, foto de la serie “Memorias de agua”, de María Paula Durán. En el centro, dos fotografías propias: luz sobre la el camino y luz a través de los guaduales (2020) En el costado derecho, pintura de Joaquín Sorolla: “Toros en el mar” (1903).


Objetivos:

-Reconocer qué elementos de la fotografía se manifiestan en las ideas que tenemos sobre las fotos que nos gustaría hacer.

-Relacionar estas ideas y primeras propuestas con nuestras memorias personales, familiares y sociales.

-Acercarnos a la idea de la poética de la fotografía y la manera como esto se revela en nuestra cotidianidad.

-Comparar los tipos de fotografías que hemos visto hasta ahora y reconocer en ellas sus características, sus diferencias, sus coincidencias.

Contenidos:

Dos fotogramas de la película “El secreto de sus ojos” (Juan José Campanella. 2009)

1. Texto inicial (fragmento del capítulo 12 de la novela La pregunta de sus ojos”, del argentino Eduardo Sacheri.


* Queremos reconocer en este fragmento la presencia de un par de elementos del lenguaje y la técnica fotográfica, y la forma en que se pueden mirar los objetos y los sujetos en las fotografías: ¿quiénes aparecen en las fotos? ¿cómo son sus vidas? ¿cómo podemos interpretar las escenas y los momentos que aparecen en esas fotos?→

“Estas fotos eran recientes. Los peinados de las mujeres, las solapas de los trajes de los hombres, los nudos de las corbatas, tenían un aire de «hacía poco» que me resultaba menos nostalgioso. Se veía que en la familia de esa chica gustaban de festejar cosas. Siempre la mesa bien provista, algún adorno alusivo en la pared, un montón de sillas a los lados para darle sitio a la muchedumbre de amigos, familiares y vecinos que se repetían en cada ocasión. No sé por qué reparé en lo que terminé reparando. Supongo que porque siempre me ha gustado ver las cosas un poco de costado, como prestando atención a los segundos planos. Dejé de voltear el grupo de fotos que tenía entre las manos y me quedé contemplando largo rato la que aferraba en ese momento. Una Liliana exultante, ataviada con un vestido claro y sencillo, liviano, probablemente veraniego, mostraba su diploma, de pie en medio de un círculo de chicas y chicos jóvenes. Alcé los ojos hacia Morales:

—¿Me puede pasar de nuevo las fotos del cumpleaños de quince? —busqué que mi pedido sonase casual.

Morales me hizo caso, aunque me miró algo extrañado. Cuando me alcanzó las que le había pedido, no demoré demasiado en ubicar la que me interesaba: una de las fotos del baile, en la que Liliana posaba junto a un señor gordo, calvo y sonriente, probablemente un tío, y otra en la que bailaba con un muchacho que apenas se veía, pues tenía la mirada torvamente enfocada hacia abajo. Las dejé al tope de la pila, que acomodé junto a las del diploma.

—Ahora búsqueme por favor esas fotos de un picnic, en una especie de parque con muchos árboles que me estuvo mostrando antes. ¿Sabe a cuáles me refiero? Morales asintió. No me dijo nada, y precisamente por eso me di cuenta de que percibía la confusa urgencia de mis palabras y no quería distraerme pidiendo una explicación por esas órdenes intempestivas. Cuando las tuve en las manos, seleccioné velozmente dos. Eran planos amplios, que abarcaban a todo el grupo.

—¿Qué pasa? —se atrevió Morales, con voz estrangulada por la duda, después de un largo minuto. Yo había separado cuatro de las fotos, y ahora revisaba los pilones sin prestar atención a nada que no fuera la posibilidad de volver a encontrar un rostro repetido. Hallé otras dos que me interesaron. Tenía seis en las manos. Aparté las otras ciento sesenta y ocho con cierta brusquedad. Tal vez debería haberme explicado con Morales, o al menos hacerle un gesto que diera a entender que había escuchado su pregunta. Pero mi idea era tan repentina, y al mismo tiempo tan aventurada, que oscuramente temía que si la enunciaba en voz alta iba a desintegrarse sin remedio. Por fin, en lugar de responderle, le devolví otra pregunta:

—¿Conoce a este pibe? —hablé mientras terminaba de despejar la mesa de un manotazo, a riesgo de tirar todas las fotos al piso, y le puse delante, algo desordenadas por el apresuramiento, las seis que me habían sobresaltado. Morales las contempló, obediente pero perplejo. Nunca hasta ese viernes a la tarde se había topado con esos rasgos, pero estaba condenado a seguir viéndolos frente a sí a perpetuidad, aunque tuviera los ojos cerrados. Como todo eso iba a pasar, pero Morales aún lo ignoraba, me respondió sencillamente:

—No.

Las giré hacia mí, tratando de no mancharlas con los dedos. En las dos fotos del picnic un muchacho de remera clara, pantalón oscuro y zapatillas, casi en el extremo izquierdo del grupo, ofrecía a la cámara un perfil de tez muy pálida, de nariz ganchuda, de pelo negro y crespo. El mismo pibe, sentado casi a oscuras junto a una mesa llena de platos con sobras y botellas medio vacías, alzaba los ojos hacia la pareja que bailaba el vals, más precisamente hacia esa Liliana de largo pelo lacio y maquillaje algo cargado que compartía el primer plano con un señor mayor. En la otra foto de la misma noche se veía mejor al joven con los brazos rígidos, extendidos hacia la muchacha, como queriendo y temiendo tocarla, y la vista clavada en el piso y no en su rostro, ni mucho menos en su escote promisorio.

La quinta era, seguro, en el living de la casa de ella. Diploma de maestra en el centro, sostenido con orgullo y con sonrisa sin límite por la misma chica de las otras fotos, aquí algo mayor. Conjunto de amigos (¿vecinos?) alrededor de la egresada, a la que flanquean un hombre y una mujer, seguramente orgullosos padres. El pibe en este caso a la derecha: de nuevo el pelo negro y encrespado, la misma nariz, idéntico gesto duro, la mirada que no busca la cámara sino a la chica cuya sonrisa ilumina la foto por todos lados.

Y la última, la mejor (por la desnuda sencillez con que proclamaba desde el silencio congelado la verdad que crecía ante mis ojos con dimensiones de certeza): el muchacho casi de espaldas a la acción (que nuevamente repite el conjunto en torno a la egresada, ahora sin el diploma) con la vista clavada en una repisa que tiene al lado, contra la pared. Sobre ese estante, casi a la altura de su nariz, un portarretrato lleno de la cara sonriente de la misma chica, obviamente Liliana Emma Colotto, pero con la ventaja adicional, para ese pibe que la contempla en éxtasis, de que allí sobre la repisa ella está totalmente expuesta, ajena, y a merced de ese muchacho absorto. Por eso ni siquiera se percata de que están sacando otra foto, con todos los amigos, familiares y vecinos mirando a la cámara menos él, porque él prefiere perderse en ese culto silencioso, a salvo de la mirada de los otros. No puede saber, claro, que otro tipo a mil quinientos kilómetros de allí, a varios años de distancia de entonces, sí lo está viendo mientras él la ve a ella. Que otro tipo que soy yo acaba de detectarlo casi por milagro, si queremos pensar que es bueno dar con la verdad, o con fatal perspicacia, si preferimos considerar que no siempre la verdad es el mejor puerto para nuestras incertidumbres, o con una suerte inadmisible, si nos limitamos a comprobar el delicado y aparentemente azaroso encadenamiento de los hechos.”


2. Poética de las fotografías

Cuando hablamos de una poética de la fotografía, nos referimos a la posibilidad de que las fotografías puedan ser concebidas, realizadas y leídas en una actitud de sensibilidad poética, que dice algo más o sugiere otras posibilidades que superan el registro documental o periodístico de la realidad.
En algunas ocasiones, esta poética en la fotografía se asocia a un género en particular dentro de la historia de la fotografía: la fotografía artística. Es decir, la fotografía que se hace con fines estéticos que no obedecen a las necesidades del género periodístico o el género de la fotografía comercial. En principio, el o la artista que hace este tipo de fotografías tiene la libertad de registrar y componer sus fotos según criterios muy personales, y la elección de momentos, sujetos y objetos se realiza de manera muy personal, muy subjetiva.

→¿Reconocemos la diferencia entre una foto comercial y una foto artística?

Figura 2. Dos letreros: en la izquierda, fotografía de un aviso que se vende en internet. A la derecha, fotografía artística de Chema Madoz

Es importante entender que las formas de asociar las fotografías al pensamiento artístico, al sentir poético, se pueden manifestar en distintos momentos del proceso de creación y producción. Es posible que la persona que toma la foto lo haga porque siente la inspiración y la necesidad de registrar-capturar un instante. Por otro lado, puede ser que la foto sea apreciada de forma poética después de haber sido realizada. En este caso, podríamos hablar de una lectura poética de la fotografía.

Figura 3. Asociaciones poéticas: a la izquierda, la foto más famosa del colombiano Leo Matiz: “Pavo real del mar”. En el centro, fotografía en blanco y negro de un pavo real (tomada de internet). A la derecha, fotografía en blanco y negro de una medusa (tomada de internet).

3. Mi cielo / tu cielo / nuestro cielo (análisis de dos obras fotográficas: Leonardo Herrera y Memorias de agua de María Paula Durán

En este punto, nuestro objetivo es analizar dos trabajos fotográficos (que reúnen elementos de la fotografía artística y la fotografía documental-periodística, en cada caso), para hacernos preguntas que nos ayuden a entender algunas decisiones detrás de cada foto, algunas intenciones y posibles lecturas, reconociendo en las imágenes elementos técnicos y de composición.
Ambos proyectos están alojados en el sitio del Museo de Memoria de Colombia. Han sido seleccionados para hacer parte de este catálogo porque presentan lecturas sobre hechos de violencia relacionados con el conflicto armado colombiano.

Se trata, en primer lugar, de la obra “Un día después”, del artista caleño Leonardo Herrera:

→Ver la serie “Un día después”

Ahora veamos la serie “Memorias de agua”, de la artista y fotógrafa bogotana María Paula Durán:

→Ver la serie “Memorias de agua”


Hablemos un poco sobre estos trabajos. Queremos entender la forma como vemos estas imágenes y como interpretamos las intenciones de sus autores.

4. Las fotos de uno. Ejercicio de búsqueda de archivo: una foto y un recuerdo familiar (ejercicio para realizar después de la sesión)